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Los días y las noches
parecían iguales. No, iguales no: Los matices de la oscuridad
marcaban una hora de la otra.
¡¡¡Pim, pam, pum!!!
Coño de la madre, ¡esos carajitos no se cansarán de lanzar esa
mierda que no me deja dormir! Parece que la vida se hubiera ensañado
conmigo...
"Tucusito, tucusito"
¿Será que se les fundió el cerebro a los programadores de la radio,
que siempre sueltan la mismitica canción todos los años? Tony
Camargo, Néstor Zavarce, Neguito Borjas y Sin rencor...
Rencor y mucho le tengo a esa mujer. No me la puedo sacar de la
cabeza. Ni siquiera ayudan el montón de pepas que me meto para
dormir.
Debo ir al baño. El cuerpo no me responde. Debo comer y me siento
muerto en vida. Me duelen hasta las pestañas. Dicen que la vieron de
rumba por Las Mercedes, que estaba rebuenísima y con una corte de
zánganos que se le tiran encima cuántas veces ella quiera. Para
complacerlos como no me complació a mí. Es que esa vaina no se le
hace a un hombre y no es peo de machismo, es una cuestión de
elemental respeto.
Tantas veces le dije que me estaba enamorando, que me daba como
arrechera la forma en que respondía ciertas llamadas y la picardía
con que lo hacía con otros mensajes que no eran para mí. Yo terminé
por hacerme el güevón, por no ver la verdad. Verdad que me cantaba
una orquesta filarmónica en mi cara, con fanfarria y demás
yerbas.
El día que terminó de partirme el alma y el corazón, no me salieron
palabras. Ya me había enterado de que uno de sus levantes era uno de
mis amigos, el director del grupo de gaitas de mi cuadra. O sea, que
era el hazmerreír de toda esta cagada que llaman vecindad.
No tengo fuerzas: necesito olvidarla. Y los teléfonos no suenan para
nada. Y el silencio que martilla la conciencia, la poquita que me
queda entre pepas y pepas.
Tres, dos, uno... ¡¡¡FELIZ AÑO!!!
No sé qué tendrá de feliz. No me quiero poner cursi. No quiero
sentir esta ausencia. ¡Qué coño voy a hacer conmigo, si no me
soporto! Alcanzo a prender la tele, amanece el año con La Sociedad
de Los Poetas Muertos.
Carpe Diem...
Hace algún tiempo lo decía con cojones, con entusiasmo, como si yo
fuera el jonronero que iba a decidir la partida en el noveno con las
bases llenas; como si el tipo que era yo, iba a ir por la vida
resolviendo cuanta causa perdida se le pusiera al frente.
Pero no. Ahora me veo frente a este desastre, este error, este
"nosequemierdatevolviste" que refleja el espejo... ¿Tanto me
equivoqué para merecer esto?
Amanece el día de Año Nuevo. Me provoca un café. Camino cuadras y
cuadras y la taguara de Carmen no me falló. Es el peor café de la
ciudad, quizá del mundo entero, pero trabajan parejo todo el año.
Hoy, extrañamente, el aroma me lleva a las rumbas felices que alguna
vez tuve, a los regalos y al infaltable Ponche Crema de los abuelos.
Quiero tener un final feliz. Uno con papelillos al estilo de la gran
parada en la quinta avenida de Nueva York -antes de los ataques del
11S- sin policías, con gente celebrando y bastante, con gente feliz
de pararse en un esquina no para terminar volando por los aires
gracias a un terrorista.
¿Terrorista? Esa fue la mujer que me tocó, que me pusieron al lado y
la puta suerte es que la conocí en una de esas navidades, de las
otras, de las felices, de las bonitas.
Tengo sueño, mucho s u e ñ o...● |
“Tantas veces le dije que me estaba enamorando, que me daba como
arrechera la forma en que respondía ciertas llamadas...”
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