I
Hace más o menos un año escribí un artículo sobre las cosas
“ocultas” que nos ocurren en Navidad, pero que preferimos obviar o
ignorar para no quitarle el sabor festivo a esta fecha tan esperada.
Si se lo leyeron (¿verdad que sí lo leyeron?) recordarán que entre
los oficios más ingratos de la época se encuentran el limpiar y
lavar las hojas (las cuales se multiplicaban a medida que ibas
“avanzando”), y asimismo el montaje del árbol del navidad (primero
encontrarlo, luego armarlo y posteriormente adornarlo).
Prometí entonces una continuación y aquí está. Debería comenzar con
una reflexión acerca de los escritos navideños, año tras año pareciera
que hablamos de lo mismo: el pan de jamón, las gaitas, las hallacas
y el árbol (o el nacimiento), pero bueno, en eso consisten las
tradiciones, en que año tras año, realicemos un actividad que
perdure en nosotros y en nuestros descendientes... así que los
escritos navideños que publicamos año tras año, pues seguirán...
año tras año.
Una de las cosas que siempre olvidamos a la hora de hablar de la
Navidad son las compras que siempre (léase bien
SIEMPRE) realizamos a última hora, más precisamente el 23 y 24 de
diciembre. ¿Acaso nos enteramos el 22 que tenemos que comprar
regalos? ¿O la cabeza no nos da para pensar que sí, de verdad que sí, en
serio, no miento, se pueden comprar regalos navideños los otros
meses del año?
Tengo que incluirme en ese desafortunado grupo de desmemoriados,
porque raro sería en mí que lograra comprar algún regalo en un mes
diferente a diciembre y en un día de ese mes que no fuera el 23 ó el 24.
Así que ahí viene la anécdota: La gente que me conoce sabe lo
delgado que soy, por lo que no es de extrañar que cuando yo salgo a
comprar algo en esos días, termine más golpeado y magullado que una
guayaba en el piso. Me explico, siempre que en esos días se entra en un tienda
(cualquiera) hay un montón de compradores que te empujan, te miran
feo, se pelean contigo y te zarandean de lado a lado. Es imposible
entrar a algún sitio y no sentirte como la pelota de los juegos de
pinball, porque si no te llevan por el medio, te pegan con las
bolsas, o -los más “educados”- te tiran una mirada desintegradora
¿pensarán de verdad que uno tiene dinero para comprar esa camisa que
te queda bien pero que no hay forma de pagarla? ¿O acaso creerán que
me corto las venas por el último juego de playstation que no sé ni
cómo pronunciar?
Cosas que pasan los 23... y los 24 de diciembre. Así llego a mi casa
golpeado, aporreado y con cara de moribundo.
- ¿Cómo te fue Fran? -pregunta mi hermano.
- Siento que hubiera peleado contra par de japoneses papeados de la
lucha sumo -le respondo tirándome en la cama sin deseos de volver a
levantarme en lo que queda del año.
- ¿Y qué dijo el réferi de la pelea? ¿Ganaste o perdiste?
- Pues dijo que gané porque logré traer este par de bolsas con
algunas cosas, pero de verdad me siento derrotado por la cantidad
de golpes que llevé... Mano e´ Piedra no te llevo nada -y allí me
quedé sin aliento.
II
En este punto voy a escribir sobre mi mamá, así que espero que ella
no lea esto y que NADIE le cuente las cosas que voy a decir de ella,
ojo avizor entonces, si me llego a enterar de que alguien le fue con el
chisme vamos a tener problemas ¿ok? Ahora... ¿qué tiene que ver mi
mamá en el asunto navideño?
Pues bien, como todas las madres “decembrinas” del planeta Tierra,
todos los años le fascina el hecho mismo de pintar la casa... Una de
las razones para mudarme a Caracas fue la de nunca volver a tocar
una brocha, un rodillo, ni seguir perdiendo mis franelas por la
pintura que caía en ellas. Pintar no tiene nada de malo, es una
actividad sana (mientras tengas las ventanas abiertas claro) y
además lleva consigo un conocimiento cromático que ni la caja grande
Berol Prismacolor te puede regalar...
Me explico nuevamente: nunca tuve problemas en la acción de pintar,
pero después de unos pocos años a uno como que no se le ocurre qué
color escoger para que la casa no quede exactamente igual a la del
año pasado y que los vecinos no te pregunten “¿de verdad pintaste?”.
Así que me cansé de escoger entre el “blanco perla del mar atlántico
a media mañana” y el “azul celeste en noches de insomnio con luna
llena” porque me resultaban idénticos; y el color “guanábana con
leche condensada”, era igualito al color “sustagen con toques de
vainilla”. Me harté, lo admito, porque nunca pude diferenciar unos
de otros, amén de que las 12 mil marcas de pinturas que había en ese
momento (ahora creo hay más de 3 millones) no te hacían más fácil la
elección.
Así que mi querida madre se quedó sin un pintor, pero fascinada
porque el “blanco pepa de ojo morado”, tenía toques de sutil
diferencia con el color del año pasado: “esencia de lirio con
remolacha”. Me imagino la cara que puso cuando los vecinos le
hicieron la pregunta de rigor: “¿de verdad pintaste?”.
Última advertencia: ya saben qué es lo que no deben decirle a mi
mamá cuando vayan a mi casa, y otra cosa, al que le mencione este
artículo le cae... ¿ok?
III
Ahora sí, un tema que no podía dejar de tocar: la música decembrina.
Porque así como es tradición montar el árbol, también es muy
conocido la afición del venezolano por deleitarse con las
tradicionales gaitas, pero hoy en día todo es un poquito diferente.
Antes uno disfrutaba de los conjuntos que más quería, yo por
ejemplo, tuve una buena colección de LPs (¿Y eso qué es? Cds, pero
de acetato) de Maracaibo 15, y pocas veces compraba de otros grupos
famosos como Guaco, Gran Coquivacoa o Cardenales del Éxito, sin embargo,
sabía con seguridad que eran buenos grupos y buenas compras.
Ahora la situación es otra porque basta pararse en un tarantín de
Cds navideños (que ofrecen toooooooooodos los buhoneros) para
encontrarse con copias variadas de “Sin rencor” cantando en portugués,
turco y arameo; pasando por las 34.532 versiones de “¿Qué te pasa
viejo año? ¿Qué te pasa?” y de “Por eso le canto a mi morena, que
tiene sabor a primavera”; hasta los famosos “remixes” navideños
donde -les aseguro- no es improbable encontrar algún compacto de los
Backstreet Boys cantando “La grey zuliana”... Con ese panorama
¿quién se anima a salir a la calle a comprar algún Cd de gaitas? Sin
contar que, para escoger, tienes 200 millones de grupos gaiteros:
desde los primeros gaiteros de Venezuela, hasta los que saldrán el
año que viene... Así que
entre gaitas y aguinaldos todavía no logro decidirme entre comprar
el CD de Maracaibo 15 con las versiones margariteñas de sus éxitos
remasterizados y digitalizados con acento de "hijo er diablo"; o la
copia de Alejandro Sanz Unplugged cantado "María la bollera",
"Allá viene la negra Juana" y "Mi catira de La Guaira".
En fin, creo que es hora de finalizar
este artículo, ya que es posible (como en mi relato del año pasado)
que tienda a desanimar a todos aquellos entusiastas de la Navidad y
de las compras decembrinas del 23 y 24; a los pintores que sí saben
diferenciar entre el "beige centro de mamón con toques de arequipe" y
"el marrón caramelo suave con leche camprolac"; y a los entusiastas
de la música navideña, quienes con seguridad ya tienen el último CD
con la versión hip-hop de "La moza", "El negrito fullero"
y "Compai venga un abrazo".
Como es tradición ya, me despido: ¡Felices fiestas para todos!● |
“Raro sería en mí que lograra comprar algún regalo en un mes
diferente a diciembre y en un día de ese mes que no fuera el 23 ó el
24”
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