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Francisco Javier Romero / frromero@mureche.net :::::::::::

Hechos ocultos tradicionales navideños (y II)  
I
Hace más o menos un año escribí un artículo sobre las cosas “ocultas” que nos ocurren en Navidad, pero que preferimos obviar o ignorar para no quitarle el sabor festivo a esta fecha tan esperada. Si se lo leyeron (¿verdad que sí lo leyeron?) recordarán que entre los oficios más ingratos de la época se encuentran el limpiar y lavar las hojas (las cuales se multiplicaban a medida que ibas “avanzando”), y asimismo el montaje del árbol del navidad (primero encontrarlo, luego armarlo y posteriormente adornarlo).

Prometí entonces una continuación y aquí está. Debería comenzar con una reflexión acerca de los escritos navideños, año tras año pareciera que hablamos de lo mismo: el pan de jamón, las gaitas, las hallacas y el árbol (o el nacimiento), pero bueno, en eso consisten las tradiciones, en que año tras año, realicemos un actividad que perdure en nosotros y en nuestros descendientes... así que los escritos navideños que publicamos año tras año, pues seguirán... año tras año.

Una de las cosas que siempre olvidamos a la hora de hablar de la Navidad son las compras que siempre (léase bien SIEMPRE) realizamos a última hora, más precisamente el 23 y 24 de diciembre. ¿Acaso nos enteramos el 22 que tenemos que comprar regalos? ¿O la cabeza no nos da para pensar que sí, de verdad que sí, en serio, no miento, se pueden comprar regalos navideños los otros meses del año?

Tengo que incluirme en ese desafortunado grupo de desmemoriados, porque raro sería en mí que lograra comprar algún regalo en un mes diferente a diciembre y en un día de ese mes que no fuera el 23 ó el 24.

Así que ahí viene la anécdota: La gente que me conoce sabe lo delgado que soy, por lo que no es de extrañar que cuando yo salgo a comprar algo en esos días, termine más golpeado y magullado que una guayaba en el piso. Me explico, siempre que en esos días se entra en un tienda (cualquiera) hay un montón de compradores que te empujan, te miran feo, se pelean contigo y te zarandean de lado a lado. Es imposible entrar a algún sitio y no sentirte como la pelota de los juegos de pinball, porque si no te llevan por el medio, te pegan con las bolsas, o -los más “educados”- te tiran una mirada desintegradora ¿pensarán de verdad que uno tiene dinero para comprar esa camisa que te queda bien pero que no hay forma de pagarla? ¿O acaso creerán que me corto las venas por el último juego de playstation que no sé ni cómo pronunciar?

Cosas que pasan los 23... y los 24 de diciembre. Así llego a mi casa golpeado, aporreado y con cara de moribundo.

- ¿Cómo te fue Fran? -pregunta mi hermano.

- Siento que hubiera peleado contra par de japoneses papeados de la lucha sumo -le respondo tirándome en la cama sin deseos de volver a levantarme en lo que queda del año.

- ¿Y qué dijo el réferi de la pelea? ¿Ganaste o perdiste?

- Pues dijo que gané porque logré traer este par de bolsas con algunas cosas, pero de verdad me siento derrotado por la cantidad de golpes que llevé... Mano e´ Piedra no te llevo nada -y allí me quedé sin aliento.

II
En este punto voy a escribir sobre mi mamá, así que espero que ella no lea esto y que NADIE le cuente las cosas que voy a decir de ella, ojo avizor entonces, si me llego a enterar de que alguien le fue con el chisme vamos a tener problemas ¿ok? Ahora... ¿qué tiene que ver mi mamá en el asunto navideño?

Pues bien, como todas las madres “decembrinas” del planeta Tierra, todos los años le fascina el hecho mismo de pintar la casa... Una de las razones para mudarme a Caracas fue la de nunca volver a tocar una brocha, un rodillo, ni seguir perdiendo mis franelas por la pintura que caía en ellas. Pintar no tiene nada de malo, es una actividad sana (mientras tengas las ventanas abiertas claro) y además lleva consigo un conocimiento cromático que ni la caja grande Berol Prismacolor te puede regalar...

Me explico nuevamente: nunca tuve problemas en la acción de pintar, pero después de unos pocos años a uno como que no se le ocurre qué color escoger para que la casa no quede exactamente igual a la del año pasado y que los vecinos no te pregunten “¿de verdad pintaste?”. Así que me cansé de escoger entre el “blanco perla del mar atlántico a media mañana” y el “azul celeste en noches de insomnio con luna llena” porque me resultaban idénticos; y el color “guanábana con leche condensada”, era igualito al color “sustagen con toques de vainilla”. Me harté, lo admito, porque nunca pude diferenciar unos de otros, amén de que las 12 mil marcas de pinturas que había en ese momento (ahora creo hay más de 3 millones) no te hacían más fácil la elección.

Así que mi querida madre se quedó sin un pintor, pero fascinada porque el “blanco pepa de ojo morado”, tenía toques de sutil diferencia con el color del año pasado: “esencia de lirio con remolacha”. Me imagino la cara que puso cuando los vecinos le hicieron la pregunta de rigor: “¿de verdad pintaste?”.

Última advertencia: ya saben qué es lo que no deben decirle a mi mamá cuando vayan a mi casa, y otra cosa, al que le mencione este artículo le cae... ¿ok?

III
Ahora sí, un tema que no podía dejar de tocar: la música decembrina. Porque así como es tradición montar el árbol, también es muy conocido la afición del venezolano por deleitarse con las tradicionales gaitas, pero hoy en día todo es un poquito diferente. Antes uno disfrutaba de los conjuntos que más quería, yo por ejemplo, tuve una buena colección de LPs (¿Y eso qué es? Cds, pero de acetato) de Maracaibo 15, y pocas veces compraba de otros grupos famosos como Guaco, Gran Coquivacoa o Cardenales del Éxito, sin embargo, sabía con seguridad que eran buenos grupos y buenas compras.

Ahora la situación es otra porque basta pararse en un tarantín de Cds navideños (que ofrecen toooooooooodos los buhoneros) para encontrarse con copias variadas de “Sin rencor” cantando en portugués, turco y arameo; pasando por las 34.532 versiones de “¿Qué te pasa viejo año? ¿Qué te pasa?” y de “Por eso le canto a mi morena, que tiene sabor a primavera”; hasta los famosos “remixes” navideños donde -les aseguro- no es improbable encontrar algún compacto de los Backstreet Boys cantando “La grey zuliana”... Con ese panorama ¿quién se anima a salir a la calle a comprar algún Cd de gaitas? Sin contar que, para escoger, tienes 200 millones de grupos gaiteros: desde los primeros gaiteros de Venezuela, hasta los que saldrán el año que viene...

Así que entre gaitas y aguinaldos todavía no logro decidirme entre comprar el CD de Maracaibo 15 con las versiones margariteñas de sus éxitos remasterizados y digitalizados con acento de "hijo er diablo"; o la copia de Alejandro Sanz Unplugged cantado "María la bollera", "Allá viene la negra Juana" y "Mi catira de La Guaira".

En fin, creo que es hora de finalizar este artículo, ya que es posible (como en mi relato del año pasado) que tienda a desanimar a todos aquellos entusiastas de la Navidad y de las compras decembrinas del 23 y 24; a los pintores que sí saben diferenciar entre el "beige centro de mamón con toques de arequipe" y "el marrón caramelo suave con leche camprolac"; y a los entusiastas de la música navideña, quienes con seguridad ya tienen el último CD con la versión hip-hop de "La moza", "El negrito fullero" y "Compai venga un abrazo".

Como es tradición ya, me despido: ¡Felices fiestas para todos!●

 

 

 

 

 

 


“Raro sería en mí que lograra comprar algún regalo en un mes diferente a diciembre y en un día de ese mes que no fuera el 23 ó el 24”


 

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