“Yo he sido tan aventurero que he
tenido la osadía de llegar hasta Barquisimeto”, dijo una vez El
Conde del Guácharo. Yo parafraseando al hijo de Musipán, diría lo
mismo, pero he llegado hasta Mérida... porque fui a estudiar a la
Universidad de Los Andes.
Ahora que estoy sufriendo un dolorcito en la columna, donde esta
pierde su nombre para cambiarlo por otro menos delicado, me acuerdo
de Jesús Salazar (Chúa) cuando viajábamos en autobús de Margarita a
Mérida, y él, cuando se bajaba en una parada después de un largo
recorrido, se ponía la mano en la cintura y exclamaba: “Todos estos
viajes los va a pagar la vejez”. O sea que yo por mi parte, parece
ser que estoy cancelando aquellos sacrificios para ir a estudiar.
Más tarde en un viaje que emprendimos en la madrugada desde Caracas
hasta Mérida, varios estudiantes tacarigüeros -en un carrito por
puesto en vista de que no conseguimos pasaje en autobús- sucedió que
el chofer desde que salió de la capital, se soltó con una perorata
en la cual incluía todo tema, sin tener descanso en semejante
cháchara.
Entrando a Mérida, el conductor nos preguntó de dónde éramos
nosotros. “De Margarita”, le respondimos. ¿De qué parte de la isla?,
preguntó. “De Tacarigua”, le dijimos. “No puede ser -dijo el chofer-
ahí se encuentra mi gran amigo Chaco Cocío, y les voy agradecer
muchachos que si algún día lo ven, le den muchos saludos de mi
parte. Ustedes le van a decir que le mandó saludos 'la Rockola', porque a mí me llaman así”.
Con toda razón, le habían puesto aquel apodo, a aquel chofer tan
hablador.●
P.S. Algún día voy a escribir sobre viajes a otras partes del
mundo, pues no pierdo la esperanza de pasear por otros lugares. |
“Sucedió que el chofer desde que salió de la capital, se soltó con
una
perorata en la cual incluía todo tema”
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