Definitivamente una de las cosas
más ricas que nos otorga la vida es poder viajar, conocer lugares
nuevos y otras culturas.
Cuando alguien dice ¡vacaciones! Lo primero que le viene a uno a la
mente es el relax, entretenimiento, placer y viajes... ¿Pero alguien
se ha detenido a pensar todo lo que contiene la palabra "viajar"?
Pues, aunque no he viajado mucho y tampoco he tenido la oportunidad
de ir al extranjero, he realizado viajes que me han agotado, y los
cuales me obligan a decir cada vez que los hago que ¡no viajo más!
Cuando era niña a mi mamá le encantaba visitar a su familia que
vivía en Maracay, y ella no esperaba a que mi papá tuviese tiempo
para llevarnos en el carro, no señor, nos encasquetaba a cada uno su
morral y cual quinta de San Simón salíamos mi mamá, mis tres
hermanas, el loro y yo para casa de mis abuelos.
La verdad es que esos viajes eran estresantes, porque íbamos de
visita con cinco morrales y una jaula, y en muchas ocasiones nos
devolvíamos con todo eso más una mano de plátanos verdes, un
morrocoy que le regalaron a mi mamá, una matita de bella las once,
una sillita de madera para mi hermanito que venía en camino y dos
bolsos más de chivas que mis primos nos daban, y lo peor es que
nuevamente teníamos que regresar en bus ¿Inolvidable no?
Otro viaje que me ha agotado bastante, pero siempre regreso por la
calidez de su gente, ha sido a Maracaibo.
El viajar al Zulia en bus es la experiencia más dura que puede
haber: Colocan el aire como si estuviesen transportando piernas de
res, y aunque viajes en "buscamas" no hay forma ni manera de encontrar
la posición correcta para echar un sueñito. Luego, después de que pasas
Valencia todo lo que viene, en caso de que viajes de día, es monte y
culebra, y si uno decide viajar de noche es peor, porque cada vez
que el bus haga parada los pasajeros deben bajarse a tomar café,
jugo o lo que sea, así uno esté dormido y no tenga ganas ni de ir al
baño.
Y después que llegas al Zulia, apenas te bajas del bus te
descongelas rapidito, porque el calor que hace allá es como diría mi
tío... vergatario.
Ya de grande aprendí a viajar en avión. Un amigo muy querido me enseñó que la comodidad no tiene precio.
Así ahora, en cada viaje que
realizo (y seguramente en los que realizaré) saltan unas preguntas
clave: ¿Pa' dónde es? ¿A qué hora sale el avión? y... ¿Hay hamacas?
Porque definitivamente... la comodidad no tiene precio.● |
“Otro viaje que me ha agotado bastante, pero siempre regreso por la
calidez de su gente, ha sido a Maracaibo”
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