En la primavera del año 1981,
montado en un B-747 de Air France rumbo a París, recordaba feliz al
poeta Vallejo. Formaba parte de un grupo de profesionales invitado
por una empresa de construcción para conocer sus oficinas, así como
también varias de sus obras en Francia.
Desde el mismo momento del aterrizaje el paisaje de París todo fue
emoción. En la primera noche fuimos a Crazy Horse y a cenar en un
restaurante en los Campos Elíseos, y las dos semanas que pasé en esa
ciudad, el tiempo se distribuyó en algo de trabajo, restaurantes,
museos, sitios de interés histórico y turístico y locales nocturnos
como el Lido, el Moulin Rouge, el Paraíso Latino, entre otros.
Asimismo bebiendo mucho vino y champaña.
Debo decir que yo era el único del grupo que no había estado en
París, tampoco hablaba francés, y sin embargo tenía una agenda en
la cual había anotado los lugares que quería conocer y los
restaurantes donde deseaba comer. Los anfitriones parisinos fueron
siempre atentos con todos los integrantes y nos complacían en todas
las sugerencias que le planteábamos.
Una tarde caminando por el Boulevard de Saint Germain, el ingeniero
Salvi, nuestro anfitrión, me dice: "Denis, no hemos podido conseguir
la reservación en La Tour D´Argent, lo lamento mucho".
Mis compañeros -que sabían del interés que tenía por conocer ese
restaurante- se burlaron de mí. En verdad lamentaba no poder comer
en el local -el cual al año siguiente (1982) cumpliría cuatrocientos
años-, sentarme en el sexto piso y degustar un carnard au orange
rociado con un buen vino, y traerle a mis a mis amigos la constancia
de haber comido ese plato tan extraordinario, contemplando los
arbotantes, contrafuertes, agujas, torres y techumbre de la Catedral
de Notre Dame y ver correr sereno el río Sena. También quería
saludar a Claude Terrail, el dueño.
Consulte a mi agenda y pregunté:
- ¿No podemos ir al Maxim´s?
- Sí, para el Maxim´s tenemos reservación para mañana.
Me alegré mucho y le dije a mis compañeros que asistiríamos a un
"hito de la gastronomía parisina", que tenía 88 años de fundado, muy
frecuentado por los más famosos artistas franceses e
internacionales, que su decoración era estilo Belle Époque, que
comeríamos y beberíamos muy bien y a lo mejor nos encontraríamos con
la bella de día y de noche: Catherine Deneuve.
Mientras caminaba alejado del grupo viendo unas vidrieras, se me
acercó un señor de porte distinguido, contextura delgada, algo
mayor, muy bien vestido. Conversamos y nos entendimos: él hablaba en
francés, italiano y español (todo revuelto), y yo en mi idioma, tacarigüero
universal. Le comenté acerca de mi cena en el Maxim´s, y me dijo
que era un buen restaurante, que la reservación se cumplía de
manera rigurosa. Me dio las gracias (no entendí el por qué), y me
regaló una de sus tarjetas por si quería comprar ropa de gran calidad a buen precio, al final me confesó que era veneciano y que
se llamaba Pietro Cardini. Nos despedimos como amigos, diciéndome
"pronto nos veremos".
El día siguiente fui a la tienda a comprar ropa, estaba ubicada en
28 Avenue des Champ Elysées. Toda la ropa era Pierre Cardin, me
trataron muy bien, me dieron unos precios extraordinarios, me
arreglaron al momento el flux que compré y me dijeron que fuera el
próximo año por la detaxe. Aún conservo el flux azul que compré ese
día.
En la noche fuimos a la cena en el Maxim´s, nos recibieron con una
copa de kirr imperial, nos sentamos en una mesa muy bien ubicada
(después enteré que era la preferida de Coco Channel). Recuerdo que
de entrada comí un foie gras; de plato principal, faisán en salsa; y de
postre, un soufflé de frambuesas –recordé en ese momento a mi abuelo
Teodoro, quien bebió jugo de esa fruta en Tacarigua en una fiesta
del Corazón de Jesús. Toda la comida estuvo acompañada con vinos
Premium Cru y champañas exquisitas envasadas en botellas decoradas
al estilo de la Bella Época. Además, una música en vivo excelente.
Hubo un momento que creí ver al amigo Pietro. Fue sin duda una noche
inolvidable. Al otro día recibí un obsequio que me enviaron del
restaurante: unos sabrosos bombones de chocolate y unos souvenirs
del local.
Mi amigo José Bolívar, quien se dio cuenta de trato preferencial del
que fui objeto toda la noche por parte del personal del Maxim´s, una
vez de nuevo en Caracas y muchos días después, me dijo:
- ¿Te has enterado que el Maxim´s, se lo han vendido a Pierre Cardin?
- Sí, lo supe en París.
En ese momento les conté a mis compañeros que la persona con quien
había conversado en el Boulevard de Saint Germain, era Pierre Cardin,
pero para sus amigos: Pietro Cardini.● |
“Hay, madre, un sitio en el mundo, que se llama París.
Un sitio muy grande y lejano y otra vez grande”
César Vallejo
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