Una de las decisiones más
difíciles que tiene que tomar una mujer cuando va de viaje, es lo
relativo al contenido de su maleta. Confieso que a mí ese asunto me
resulta particularmente difícil y que no he podido honrar mi promesa
de que “en el próximo viaje a Margarita llevo sólo un bolso de
mano”, cosa que debería resultarme relativamente fácil de cumplir
puesto que en Mi Covacha (como se llama mi pequeño apartamento)
tengo todos los efectos personales necesarios para una estadía
perfecta, salvo aquellos que normalmente no tenemos por duplicado.
Es así como en mi maleta (bastante grande, por cierto) lo primero
que incluyo es la ropa y los accesorios para la playa: el bikini y
el vestido playero (allá tengo, pero una mujer siempre piensa que es
bueno cambiar de imagen), las sandalias, las viseras y los lentes de
sol, el bloqueador para la cara y el bronceador para el cuerpo, más
la loción para después del sol. Todo eso lo utilizo.
En cuanto a la ropa para “andar”, allá tengo muchos shorts y
franelitas, pero hay que llevar suficientes bermudas y camisas para
las actividades de rigor: visitas, paseos y compras. Lo usual es que
sobren muchas de ellas.
Por si surgen diligencias imprevistas o acontecimientos
extraordinarios suelo incluir un par de vestiditos, pantalones y
blusas combinables, junto con las sandalias y zapatos apropiados.
Generalmente no hacen falta.
Mención aparte es lo relativo al maquillaje y artículos para el
arreglo personal. Pintura de labios y brillo, rubor y sombras de
ojos, polvo y máscara para pestañas, desmaquillantes, hidratante
diurna y nocturna, acondicionador para el pelo, perfume, etc., junto
con el secador de pelo a pesar del solazo y el calorón. Además,
aditamentos como la pinza de cejas, la tijerita, el espejo de
aumento, entre otros. Casi todo es prescindible.
Para amenizar los ratos libres no deben faltar la música, la lectura
y la escritura. Unos veinte CDs, un par de libros y algunas revistas,
más un cuaderno de notas (por si surge la creatividad) pero por lo
general sólo alcanzo a oír uno o dos CDs, sólo leo dos o tres páginas
y apenas escribo porque no hay tiempo suficiente o nunca estamos en
el apartamento.
Los medicamentos ocupan un puesto importante, tanto los indicados
por el médico como los automedicados (antioxidantes, vitaminas y
minerales) además de los antigripales, las curitas, los analgésicos,
los antialérgicos, las lágrimas artificiales, etc., que se llevan por
si acaso. Gracias a Dios, generalmente se usan nada más los
primeros.
Objetos tales como mi inseparable celular, su cargador y las pilas,
los anteojos, la portachequera y el monedero, la cartuchera con
lápices y bolígrafos, son imprescindibles y se usan todos excepto la
última.
Por supuesto, todo este stock se incrementa con los regalitos que
llevamos a algunos familiares y amigos. Pero si la carga es pesada
para la ida, ¿qué podríamos decir de la venida? En este momento el
equipaje se agranda notablemente debido a las cosas que se compran
para aprovechar el Puerto Libre, los recuerditos que hay que traer
(a Raimundo y todo el mundo), además de los infaltables quesos,
chocolates y caramelos. Por si fuera poco, los aguacates, los ajíes,
los tomates, los limones y las maticas que nos suelen regalar
brillan por su presencia.
Si dejo de mencionar alguna otra cosa es por una de estas razones:
se me ha olvidado, las tengo allá, o no me caben. En todo caso, la
filosofía que orienta mi elección del contenido del equipaje es el
viejo lema: “es mejor que so... sobre y no que fa... falte”. Por todo lo
antes expuesto, ¡no puedo prometer que en mi próximo viaje a
Margarita vaya sólo con un bolso de mano! Él va siempre, pero junto
con mi infaltable maleta. Dentro de algunas semanas –época en que
pienso viajar- me estaré preguntando, como siempre: ¿qué llevo en la
maleta?... para terminar llenándola de cosas superfluas.● |
“Para amenizar los ratos libres no deben faltar la música, la
lectura y la escritura”
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