En un viaje a Río Grande do Sul en
Brasil, tuve la oportunidad de visitar el Balneario de Torres en la
costa atlántica. Me gustaron sus playas y sobre todo la zona de
acantilados que forman un parque natural de gran belleza. En los
acantilados se encuentran amplias zonas por las cuales es posible pasear, tomarse un helado,
compartir las vistas con tus acompañantes y relajarse del stress de
la vida diaria.
En el trayecto de ida de Porto Alegre a Torres se realiza en unas dos
horas, y la última hora se transita una carretera estrecha por la que
circulan infinidad de grandes camiones en dirección a las grandes
urbes brasileñas. Noté que nuestro conductor era un poco temerario y
que conducía arriesgando demasiado pero intenté no mirar, leer un
periódico y taparme los ojos, cualquier truco con tal de no ver lo
que estaba ocurriendo en la carretera. La verdad lo pasé mal con los adelantamientos en este último
tramo, cuando ves a esas grandes bestias de la carretera que vienen
directo hacia ti y solo tienes segundos para encontrar un hueco y
evitar la colisión.
En el viaje de vuelta a Porto Alegre, tuvimos más de lo mismo, pero
esta vez el tráfico en dirección norte era más intenso y los
adelantamientos eran incluso más peligrosos, y asimismo
nuestro conductor arriesgaba muchísimo, adelantando convoys luego de
los cuales no era seguro que encontráramos un espacio para evitar cualquier
colisión, ante la gran cantidad de camiones que circulaban en
dirección opuesta a la nuestra.
Nuestros rebases eran continuos y ante cada uno de ellos tenía la
duda de poder concluir de una pieza, nuevamente puse una revista delante de mis ojos y me resistí
a ver lo que
estaba ocurriendo. Cuando finalmente llegamos a la autopista y
terminó esta peculiar forma de tortura, sentí que se me daba una
oportunidad de seguir viviendo. Una sensación de alivio que también
compartía la otra persona que nos acompañaba al conductor y a mí.
Ella era una antigua novia del chofer y terminó enfadada con él por
la experiencia que nos había hecho pasar, ya que durante todo el
viaje había ignorado sus peticiones para que cesara en sus pases
arriesgados.● |
“Noté que nuestro conductor era un poco temerario y que conducía
arriesgando demasiado pero intenté no mirar”
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