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| Francisco
Javier Romero frromero@mureche.net |
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Tendría yo unos 13 o 14 años, la verdad la edad es lo de menos, aunque quizá sí importe que hayan pasado ya 13 o 14 años desde que ocurrió este extraño incidente. Me encontraba en el cuarto de mis padres viendo con ellos una novela del canal ocho, brasileña, de esas buenísimas que casi nadie ve porque la transmitía una televisora que la gente pasaba sin prestarle mucha atención. Estaba en la mecedora, al lado de la ventana del cuarto, y mis padres acostados en la cama. Concentrado en la novela, comencé entonces a escuchar un peculiar ruido, una especie de ric – ric, un sonido parecido al canto de los grillos pero con un cierto tono metálico. Volteé a una lado, al otro, y no conseguí identificar de dónde provenía, seguí entonces relajado viendo la tv, hasta que nuevamente ese suave chillido me desconcentró. Paré en seco la mecedora, quizá era eso, el ir y venir de la silla; el sonido cesó pero sólo por unos instantes. Con la mecedora detenida y escuchando el ruido nuevamente, empecé seriamente a buscar su origen. Observé a mi alrededor, nada anormal, nada fuera de lo común, nada fuera de su lugar... por último, cansado de intentar hallar la procedencia del sonido, miré a través de la ventana a ver si allí conseguía algún indicio. En ese instante logré captar muy difusamente el origen de mi inquietud. Tras la blanca cortina del cuarto pude divisar a ¿una persona? de baja de estatura cuya mano tocaba los cristales de la ventana, moviéndolos de un lado a otro produciendo el chillido que captó mi atención. No distinguí su rostro, ni sus facciones o su vestimenta, ni siquiera puedo hablar del color de su piel, mi mente borró el recuerdo o mi vista quizá nunca enfocó correctamente... no lo sé. Lo que sí recuerdo, con una claridad pasmosa, son los pasos que dio el ¿individuo? una vez que advertí a mis padres que parecía haber alguien afuera. Sus pisadas fueron duras y rápidas como si alguien de peso tratara de correr rápidamente, pero no lo lograra. ¡Pas!, ¡Pas!, ¡Pas!... como si tratara de huir. ¡Pas!, ¡Pas!, ¡Pas!... hasta que finalmente no los escuché más. Mis padres parecieron no darse cuenta de lo ocurrido, y tuve que insistirles que había una persona fuera de la casa que estaba observando por la ventana... ¡ni siquiera sintieron los pasos que yo tan fielmente recuerdo! Mi papá salió, caminó un poco fuera de la casa y regresó indicándome que no había visto nada y que si de verdad estaba seguro de haber visto a alguien... yo lo hubiera dudado también si no fuera por aquellas pisadas. A veces bromeo con lo ocurrido y pienso que quizá un infante chupacabras pasó por mi pueblo antes de crecer y mudarse a México. Tal vez alguien cercano trató de alertarme sobre algún hecho que mi memoria olvidó completamente. Pero, la mayoría de las veces mi mente escéptica se revela y me indica que alguien sin mayor oficio estuvo rondando por mi casa y molestándome justo cuando pasaban lo más interesante de la novela… |
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