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Lo que sé de la Navidad

 
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Ocarina Espinoza
oespinoza@la-cadena.com
 

 

La Navidad es asumida completita por la mayoría de las personas, quienes por lo general tratan de cumplir con todas las tradiciones, sólo así terminan satisfechos cuando llega enero. Se dedican durante el último mes del año a decorar la casa con arbolito y nacimiento, hacer las hallacas, realizar las compras; esperar la llegada del “Espíritu de la Navidad”. Compran rifas, acuden a las fiestas familiares, de oficina, amigos y desconocidos, pasean por las ferias e incluso juegan al “Amigo secreto”.

La decoración
Para cumplir con este paso siempre hay que sacar las bambalinas y demás objetos embalados después de las pasadas fiestas, muchos de ellos se encuentran rotos o maltrechos, lo que obliga por una parte a desecharlos y por otra a prometer por enésima vez guardar todo con mayor cuidado al finalizar el año. Los pocos adornos que se salvan de la basura y las pocas luces que funcionan, tras un año de polvo, son regalados porque -típico- cuando en realidad se va a comprar ropa, obsequios o comida se regresa a casa con una bolsa de adornos nuevos del color de moda.

En lo que respecta al arbolito siempre hay debates familiares sobre la conveniencia de ponerlo. Hay unos que dicen que es bueno colocarlo por el “toque” que le da a la casa y otros que no quieren saber nada de él porque no lo consideran realmente una costumbre venezolana. Año tras año los que defendían una posición se cambian para la otra y viceversa, al final arbolito y nacimiento terminan conviviendo en armonía.

Las hallacas
Los “devorahallacas” comienzan a pensar en ellas en octubre, este tipo de personas tienen años en los que son tan grandes sus ganas de comerlas que las hacen a mediados de noviembre y ya el 5 de diciembre no queda una ni siquiera para regalar, seguro vuelven a hacer pero no llegan al 31. Están también los “compilahallacas” que no las hacen pero no por eso dejan de comerlas porque visitan a los que no vieron en todo el año para conseguir las suyas.

Las compras
El maratón empieza con el cobro de las utilidades, se hace una lista para nunca regirse por ella, tienes 50 personas a quien regalarles y terminas con 5 obsequios a lo sumo. Haces una caminata de pronóstico buscando lo que te gusta y buenos precios; no se puede salir en carro porque las colas son kilométricas, te repites como un mantra “no quiero estrenar” y terminas comprándote “cualquier cosita”.

Esperar al Espíritu de la Navidad
Muchos se arman de velas color naranja, incienso y demás especies con olor a mandarina. Escriben papelitos con sus deseos, papeles que luego serán quemados durante el año, a medida que se vayan cumpliendo los deseos.

Hay quienes además compran el Santo de la Navidad, para que sea el propio espíritu el que presencie los rituales de la petición de deseos.

El amigo secreto y las fiestas
El amigo secreto es más tradicional que el nacimiento, y las fiestas, son el momento preciso para jugarlo. Quien no juega considérese excluido del disfrute decembrino, ni hablar de llegar a la hora de la repartición de los regalos sin conocer el “secreto”, pues es común saber quién entregará y quién recibirá. Eso no suele ocurrir porque siempre hay alguien que te sopla, como puedas lo averiguas o simplemente tu propio amigo se descubre solo, bien sea porque lo conoces demasiado o porque en su desespero porque sepas él o ella te lo dice.

Si tienes suerte o se llega a un arreglo de antemano recibirás lo que deseas de tu “amigo secreto” sino regresarás a casa con algo que nunca usarás tipo “una ropa interior roja pasión” o un asador de pavos, cuando tú en la vida has comido esa ave.

Existen familias que cumplen con supersticiones como sacar las maletas el 31 después de las 12 de la noche, ponerse ropa íntima color amarillo, tomar un plato de lenteja en la cena de esa noche, despedirse de la familia antes de las doce por lo menos en tres ocasiones, regalar un billete de alta denominación, tener un dólar en la cartera y, el más común de todos, pedir un deseo por cada uva que se ingiere a la par de las campanadas.

Las fiestas navideñas son especialmente buenas porque hasta en el trabajo un 23 o un 24 hay algo que beber y que comer, todo el mundo hace gala de lo que se conoce como “espíritu navideño” y no faltan las reconciliaciones y los reencuentros.


 

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