|
|
|
|
|
||
| ................................................................................................................................................................... | ||
| Francisco
Javier Romero frromero@mureche.net |
||
|
Hace algún tiempo, recordando las tradiciones decembrinas, me di cuenta de que hay miles de cosas que nos gustan de la Navidad pero que también hay otros detallitos medio molestos (aparentemente inadvertidos) que siempre terminan pasando por debajo de la mesa y de los cuales nadie habla. Me explico. Muchos de los jóvenes de hoy no tenemos la práctica de hacer hallacas, es decir, solo sabemos que una hallaca está buena cuando la tenemos dentro del estómago. Por lo tanto, como nuestras madres, abuelas y tías son las expertas preparadoras de hallacas pues a los chamos como yo simplemente nos queda la ingrata labor de lavar y secar las hojas de plátano en que envuelven tan delicioso plato. Es increíble, cuando uno comienza la mencionada faena se nos otorgan un par de piezas contentivas de unos pocos “kilitos” de hojas, las cuales, medio planas y apretujadas, parecen como unas 20 o 30 hojas. Sin embargo, al comenzar a lavarlas (y posteriormente al secarlas) pareciera que las mismas se multiplicaran exponencialmente: uno lava y lava (y seca y seca) y las benditas hojas dan la impresión de que no se acabaran nunca… ¿Quién no ha tenido ganas de tirar la toalla a mitad del lavado? ¿Quién no ha tenido ganas de tirar la toalla otra vez cuando una vez lavadas todavía falta el secado? Vamos a dejarlo hasta ahí (no hay que desilusionar a los futuros lavadores y secadores de hojas de plátano para las hallacas). Pasando a otro punto escabroso de la Navidad ¿Se ha preguntado usted alguna vez a quién en su sano juicio se le ocurrió la brillante idea de ponernos a montar el arbolito tooooooooooodos los diciembre? ¿Teníamos un bonito nacimiento y nos pusimos a pensar que el Niño tenía frío y le montamos tronco de árbol al lado para que lo protegiera? ¿O pensamos que como tenemos un jardín medio desarreglado metiendo una mata tan grande dentro de la casa la misma se vería bien bonita? Estas brillantes elucubraciones vienen de la experiencia misma de montar el “arbolito”, va entre comillas porque casi nunca es un “arbolito”, generalmente es el más grande que pudimos conseguir en Rattan, o el que no cabe por la puerta de la casa, o el que se dobla porque toca el techo y eso que no le hemos puesto la parte de arriba (¡y menos el ángel!). Nos referiremos en este caso a los árboles prefabricados, no tiene mucha gracia ponerse a comprar uno que se va a quedar sin “plumas” en enero (aunque en realidad es bastante gracioso verlo después de enero). Vamos a hablar de los prefabricados porque son los que más lata dan, por eso únicamente, así que confórmense con esa explicación. Después de pasar horas de polvo buscando en el closet más alto y más escondido la bendita caja contentiva del árbol, hay que echarle piernas para bajar el asunto y también para no morirse de la risa al ver dónde terminó el rollo de teipe que no logramos encontrar durante el año. En palabras simples ¿ustedes han ido al aeropuerto verdad? ¿y verdad que han visto cómo se plastifican los maletines y las cajas en una máquina especial? Pues exactamente así queda la caja del arbolito, solo que no hay máquina especial, tampoco hay plástico y por lo tanto la caja queda con todo el teipe puesto de la manera más aleatoria posible, es decir, en cualquier lado, o mejor, en absolutamente todos los lados. Luego de desembalar la caja, ahora simplemente hay que “montar el arbolito”, encontramos entonces un palo largo (¿?), en el cual van a ir colocadas las ramas, una vez insertado el palo en el agujero, ejem, es decir en la base, allí hay que guiarse por el aparatito este que mide la verticalidad de las cosas, porque si se le hace caso a la abuela, a la mamá, a la tía, al primo, a la hermana o incluso a ti mismo, pues vas a terminar con alrededor de 40 posiciones distintas, pero nunca (nunca-jamás-nunca) con una vertical perfecta. Ahora viene la parte en que cada rama debe encajar en un huequito del palo (¿?), tomando en cuenta que las instrucciones están en japonés no nos debe tomar más de unas 4 horas el armarlo, para posteriormente darnos cuenta de que la parte de abajo como que tiene las ramas de la parte de arriba y que más que un árbol parece una lata de refresco… Amén de las veces que nos raspamos con las benditas ramas porque la gente que construyó el árbol no las pudo hacer con un plástico suave y blando, sino con el mismo plástico que se utiliza en las cerdas de los limpia poceta (hijos de... bueno). ¿Las lucecitas? Creo que la gente de protección al consumidor ya prohibió las lucecitas de estrellitas puntiagudas que te puyaban y te sacaban sangre, con eso ya tenemos media batalla ganada. ¿Los adornitos? Si no tenemos las tradicionales bolas, las preciosas, las bonitas de variados colores, sí esas que al caerse al piso se vuelve arena de la cantidad de pedacitos en las cuales se parten. Bueno, si no tenemos de esas, ya tenemos la otra mitad de la batalla ganada (esto nos permitirá almacenar fuerzas para cuando nos toque lavar las hojas de las hallacas). Y por último, una advertencia que siempre tiene que hacerse, porque en todos los diciembres siempre pasa lo mismo. Aquí va: Señores, el ángel que va en la punta del arbolito NO VUELA, no sé porque siempre se empeñan en dejarlo caer todas las navidades pensando quizá que como dizque es un ángel podrá volar… si no me creen pues lean las instrucciones, allí no se menciona nada de “las propiedades aeroplaneadoras de los ángeles que van en la punta del árbol”. Es más fácil que el pobre ángel nos cumpla un deseo si no termina en el piso ¿quedó claro? Creo que mejor lo dejamos hasta aquí, porque vamos a desanimar a los más furibundos defensores de la Navidad, sí esos seres especiales que creen que la Navidad es tomar ponche crema al lado del “arbolito” sin preguntarse cómo metieron esa mata inmensa allí. Los que comen hallacas y dicen “quedé como fallo” sin ponerse a pensar en los sacrificios de lavar, fregar, secar y cortar las benditas hojas para las hallacas… Bueno, me despido, justo ahora mi querida madre me tiene un hallaquita caliente la cual voy a degustar junto a mi “arbolito”, el cual quedó bien bonito esta Navidad con unos adornos rojos y plateados y con unas luces que están bien chéveres, porque déjeme decirles una cosa yo he visto algunos arbolitos y… ¡todavía tienen lucesitas "puyuas"! PD: Esta historia de “Hechos ocultos tradicionales navideños” va a continuar, pero en la edición navideña del año que viene… ¡Feliz Navidad y Feliz Año! |
||
[
Página Principal | Palitos
de Romero | Historias Normales | Día
a Día ]
[ Firmas Foráneas | Nuevas
Fuentes | Páginas Centrales | Resaca
| Más Artículos ]
[ Párrafo
Aparte | Goterones | Contracara
| Links+Archivo ]
| ||| email@mureche.net ||| |