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Un abuelo "kioskero"

 
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Laura Tirado
laurel40@hotmail.com
 

 

Yo tuve un abuelo divino, lástima que nos abandonó más pronto de lo que yo hubiera deseado.

Delfín Aponte era cuentero, bailador y de todo se reía. Su frase favorita era “cuando usted va, yo ya estoy de vuelta”. Y era así porque había vivido muchas experiencias. Por ejemplo, siempre hablaba de que había visto el cometa Halley y sentido el terremoto de Caracas, a principios del siglo XX.

Por eso me encantaba acompañar a mi mamá a entregar su trabajo de costura los viernes. Porque de regreso de la Intendencia Militar -para quienes cosía la señora Lina- pasábamos a saludar a mi abuelito, quien tenía un puesto de venta de terminales en la esquina de Dolores.

No era un kiosko como los de hoy en día. En realidad era una especie de rejilla de madera que recostaba de la pared de una tienda de ropa para hombres y cuyos empleados se la guardaban en las noches (la rejilla).

Pues bien, allí colgaba los llamados “quinticos” (billetes de lotería, para los más jóvenes) pero, además, mi abuelo vendía suplementos... que ahora les llaman "comics", pero hace unos años eran suplementos: Superman, Archie, Campeones de la Justicia, Mujer Maravilla, Joyas de la Mitología, etc.

La nota era que me sentía privilegiada porque me dejaba leerlos gratis mientras conversaba con mi mamá. Y yo pensaba en el privilegio de tener un abuelito “kioskero”.

La noche del terremoto de 1967, en Caracas, él estaba con nosotros. Cuando mi mamá gritó, alarmada: "¡Está temblando!", él contestó con serenidad: “Hace rato me di cuenta, pero no dije nada para no asustarlos. Y no corran, porque si lo hacemos, a mí me van a aplastar. Quedémonos aquí, quietecitos. Ya verán que no va a pasar nada”. En verdad, nada les pasó a los bloques del 23 de Enero.

Mucha sabiduría tienen los viejos. Deberíamos tener eso presente y escucharlos más.


 

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