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| Mairena
Romero Sánchez mairenacaramelo@hotmail.com |
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Hay un refrán muy popular que dice que nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde. Pero en algunas ocasiones esto no sucede así. A veces uno conoce muy bien lo que tiene y lo que más le duele es separarse de él. Este último caso es el que se aplica a la pérdida de mi padrino Ninito. Todos los conocíamos y su desaparición física nos tomó por sorpresa. Hace muchos años atrás, cuando mi abuela Panchita se fue, yo sentía que una parte de mí se iba con ella, porque ya no la iba a ver más, no la iba a tener conmigo. Recordé todas las tardes y cosas que hacíamos y descubrí que la quería más de lo que le había dicho. Pero entendí que las cosas suceden por algo y que irremediablemente uno no puede cambiar lo ocurrido. Consuelo era la palabra que el destino me quería enseñar en ese momento... Y creo que lo pude comprender. Con mi padrino Ninito
sucedió algo parecido. Sentí que perdía algo de mí,
sin embargo cuando traté de recordar todo lo que había vivido
y aprendido con él, no lo pude hacer. No sé si fue que mi
mente se bloqueó por la noticia, pero eso hizo que me sintiera
muy mal, porque todos tenían algo que contar, una historia, una
anécdota, algo que los consolara. Pero conseguí un pequeño consuelo. Hace tiempo -cuando la perdida de mi abuela Panchita- soñé que yo entraba a su casa y estaba vacía. Ya no se oía su voz, no se escuchaban sus pasos, todo era silencio y oscuridad. Empecé a caminar por los cuartos y de repente al voltear la vi. Era ella, estaba bien, ¡ESTABA VIVA! No tuve tiempo de decirle cuánto la extrañaba, pero ella ya lo sabía y me dijo unas palabras que jamás voy a olvidar: “quédate tranquila. Yo estoy bien porque estoy con Dios. Aquí nada malo me puede pasar”. Ese sueño, 11 años después todavía me consuela y sé que mi padrino Ninito está bien, porque está con Dios y nada malo le puede pasar. Mis recuerdos todavía no han regresado y eso que Marialejandra me contó algunas anéctodas de mi niñez. Pero ahora eso no me preocupa. En estos días escuché que los recuerdos están allí, aunque uno no los perciba. Sé que lo que siento por mi padrino es el mejor recuerdo que puedo tener de él y cada vez que me vea al espejo voy a saber que él esta conmigo, porque me dejó algo que nadie me puede quitar, que es la educación. Él, conjuntamente con mis abuelos, mis padres y todos mis familiares han hecho de mí lo que actualmente soy, me enseñaron valores y principios que me han convertido en una persona integral y por ello estoy muy orgullosa de ellos. Prácticamente se lo debo todo, es por esto que mi mejor recuerdo de mi padrino Ninito es saber que soy lo que soy gracias a él, que lo que he conseguido lograr es gracias a la educación que me enseñó y eso es algo que nunca voy a poder olvidar. ¡Muchas gracias por enseñarme a ser lo que soy! |
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