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| Mirangie
Alayón lgoodiva@hotmail.com |
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Querido celular, Más de dos meses han pasado desde la última vez que nos vimos. Fue una tarde sabatina rutinaria de pagos bancarios y heladitos de pepitas en el Sambil cuando sin previo aviso nuestros destinos se separaron. Yo estaba distraída, viendo vidrieras coloridas con artículos de precios imposibles sin saber que cerca de mí alguien más te deseaba. Momentos después, te busqué en mi cartera pero ya no estabas. Cual loca Luz Caraballo recorrí medio centro comercial esperando haber cometido el pecado del olvido, pero no. Fuiste arrebatado de mi lado sin poder decirnos adiós Recuerdo el día en que nos conocimos. Yo llegué a tu casa buscando a un primo tuyo, llamado 3320. Pero la señora de la casa me dijo que no estaba, y que lo mejor para mí era salir de ese lugar contigo, 8260. Tardó en convencerme: te veías un poco snob y diferente aunque debo admitir que eras muy atractivo. Al final decidí que estar contigo sería una experiencia que debía vivir. Mis amigas estaban sorprendidas con tu porte moreno y misterioso, tal vez un tanto fuera de mi estilo, pero aprendieron a quererte. ¿Cómo culparlas? Eras adorable. Desde ese día fuimos inseparables. Como niña caprichosa buscaba consentirte con cualquier cosa, incluso con un traje de Badtz Marú, aunque ese no te gustó mucho... tu favorito era el de cuero, ¿te acuerdas? El que te quedaba ceñido, haciéndote lucir aún más atractivo y rebelde. Otro de tus encantos era tu oído musical; me encantaba oírte cantar los temas de moda con tu voz nasal. Aunque debo admitir que me enamoré de ti cuando me susurraste el tema de La Guerra de las Galaxias: en ese momento supe que había encontrado mi alma gemela. Siempre fuiste un buen y fiel amigo -no como mi ex, quien sonaba en los momentos más inoportunos, olvidaba despertarme en las mañanas y se quedaba mudo cuando más lo necesitaba. Tú siempre estuviste a mi lado a todo momento yo, en cambio, no hice más que quererte. Los días siguen pasando y aún no sé si podré volver a amar a otro. Hace tiempo tengo un nuevo pretendiente, pero tu fantasma me sigue persiguiendo: sigo buscando tu verde mirada en pantallas anónimas, tus tiernos juegos de memoria y víbora en otros teléfonos, sólo para seguir con el corazón roto. Sólo espero que quien esté contigo logre hacerte vibrar tocando las teclas correctas y que sepa hacerte feliz, aunque te mantenga pegado a su nalga derecha vía blue jean. Adiós, querido celular. Siempre tuya, |
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