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Mis celulares más queridos

 
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Francisco Javier Romero
frromero@mureche.net
 

 

A Marialejandra

Como joven adicto -convicto y confeso además- de la telefonía celular, tengo que decir que el tema me viene como anillo al dedo. Soy de esa clase de persona que le encanta el celularcito más bonito, chiquito y con más funciones que haya salido al mercado.

Voy a comenzar echándole la culpa a mi prima Marialejandra por esta disfunción de la cual no me quiero curar. Sí, es culpa de ella.

Ella, quien es la mejor prima de mundo, nunca comprendió –hasta bien tarde- las profundas implicaciones psicopatológicas que aquel regalo tendría en mí. Fue como por arte de magia que yo abriera esa caja y me encontrara frente a frente con un modelo Tango de Telcel: un “Bloquerola” pues, bien bonito, con saldo y todo. En sus palabras: “para que siempre estemos en contacto primo querido” (palabras nada proféticas puesto que cuando la llamo a su celular siempre me cae la contestadora).

Mi ¿enfermedad? se desarrolló tan rápido que no había pasado mes y medio, cuando salté a otro Bloquerola, un “Mercury” el cual no tardaría más de otro mes y medio en desaparecer sin pena, ni gloria. La verdad sea dicha: con más gloria que pena, puesto que todavía mi mamá lo conserva para recibir únicamente llamadas familiares. Por cierto querida madre, para lograr que de una vez por todas te deshagas de ese mini-bloque voy a publicar tu número, desplegado, dentro de poco, en la prensa nacional.

Una desilusión amorosa me hizo ver en un Samsung 620 el fin a todos mis males. Debo decir que es el celular más clásico, sobrio y plateado que existirá jamás, no solo fue un artículo de lujo comprado con una quincena de recién contratado, sino que resultó quizá el teléfono que más ha pagado con creces su valor: primero pasó a ser un excelente regalo para el cumpleaños de mi hermana y –con más de año y medio de constante uso- pasó a ser el teléfono del novio de mi hermana, es decir, que sigue en la familia y que todavía funciona.

Y luego del despecho me enamoré… de los Nokia, un popular “Baby Nokia” comenzó a rondar mi entorno gracias a una amiga que se compró uno. Me di cuenta en ese momento que la gente de Nokia logra meter en un telefonito un montón de vainas súper útiles: agenda, juegos, calendario, recordatorio, tonos, reloj, calculadora, etc, etc, etc… ¿Cómo lo hacen? Todavía no lo sé. Así un flamante “Baby Nokia” de Telcel fue a parar a mis manos… Lástima que este sí tuvo un final trágico: después de pasar por mi hermano, terminó naufragando en posesión de mi primo Guthbert. Una palabra para ti primo: ¡Sacrílego!

Mi romance con Telcel terminaría, pero no así con los Nokia. Me pasé –ya hace como dos años- a una compañía Gsm y adquiriría el celular más bello del mundo: un 8810 (más conocido como el “zippo”). En aquel tiempo la fiebre por los mensajitos no existía, pero esta compañía los ofrecía gratis a todos sus afiliados (ahora te clavan Bs. 60 el mensaje). Así fue como convencí a mi inseparable amiga Niurka de que se cambiara y ¡cómo le dimos rosca al asunto de los mensajes! También convencí a mi novia y allí el asunto de los mensajes pasó a ser algo exageradamente habitual en mi vida (es decir de 20 a 30 mensajes diarios... les invito a sacar cuentas).

Qué gran dolor sentí cuando tuve que separarme de mi “zippo”, fue el celular que más ha durado conmigo (alrededor de unos 8 meses). Aún cuando ya estaba retirado, aún cuando ya otro ocupaba su lugar, me sentí medio desolado cuando tuve que venderlo como repuesto porque repararlo salía más caro que comprarme uno nuevo.

Su sucesor fue un Nokia 6210, el cual compré por Internet y que muy poca gente tenía en Venezuela (nadie que yo conozca), era igualito al “Baby Nokia” solo que más delgado, más elegante y con una capacidad de memoria de la cual no llegué ni a ocupar el 10%. Ahorita está con mi hermano menor, vuelve a mí de vez en cuando en mis viajes a Margarita. Duró conmigo mucho, casi tanto como el anterior y hasta llegué a prometer (en un instante de locura por supuesto) que subsistiría cerca de dos años… con el pasar del tiempo me di cuenta de que siete meses era una cifra más que acertada.

¿Qué pasó? Lógico mi querido Watson: me encontré uno más pequeño y con las misma funciones, pero… ese Nokia modelo 5210 fue una adquisición sin sentido, de esas que se hacen porque tienes demasiado tiempo libre para navegar en la red y consultar cuánta página de celulares hay. Afortunadamente para él no terminó en deremate.com (como su sucesor) sino en poder de mi hermana, quien está más que contenta con un celular que parece una morrocoya recién nacida (es feo, aunque pequeño no lo puedo negar) pero que nadie en el país parece tenerlo.

En un viajecito que hice al otro lado del Atlántico, me encontré determinado a comprarme otro aparato para olvidarme de la decepción que me produjo el 5210. Entonces, “turisteando” con mi prima Marialejandra (¿ven cómo todo siempre vuelve al inicio?) tuve la osadía de comprarme un Nokia 8310, y digo la osadía porque un celular más snob que ese, es difícil de encontrar (a excepción del que está hecho de titanio). No lo soporté: era bello, pequeño, con todas las funciones que yo quería, incluso con radio, pero era una vaina para gente que solo quiere lucirse, bueno, seguía siendo para mí, pero me tuve que deshacer de él… nunca logré que me gustara. Este fue el que terminó sus días de gloria en deremate.com.

Y llegamos a la actualidad, mi romance con Nokia terminó, no así con Digitel. Me terminé comprando un V60 (el que tiene todo el mundo) y que me costó bastante conseguirlo, porque parece que la versión Gsm de este modelo, la fabrican solo en Luxemburgo o en otro país europeo difícil de ubicar en el mapa. Este sí me agrada: es snob, pero no taaaaaaaaaaaaaaaaaaaaan snob como el anterior, y es más o menos práctico (aunque la gente de Motorola hace hasta lo imposible por ponerle a sus teléfonos el menú más complicado que puedan crear). Luego de la latonería y pintura correspondiente, lleva conmigo cuatro meses, una buena cifra dada la tasa promedio anual de cambio de celular que me tengo calculada.

Ahora ya estoy curado… creo. No, sí en realidad estoy curado, me hice la promesa firme de no cambiar de celular por lo menos hasta el año que viene y voy bien, voy a cumplir… creo. Claro porque a nadie le hace falta el celular de última generación que acabo de ver en Internet. Sí, ese que tiene agenda, radio, mp3, pantalla a color, que toma fotos, con email, que navega por la red, melodías polifónicas, grabadora, que envía mensajitos con imágenes y demás nimiedades. ¿A usted le interesa? Porque a mí NO… creo.


 

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