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A Marialejandra
Como joven adicto
-convicto y confeso además- de la telefonía celular, tengo
que decir que el tema me viene como anillo al dedo. Soy de esa clase de
persona que le encanta el celularcito más bonito, chiquito y con
más funciones que haya salido al mercado.
Voy a comenzar
echándole la culpa a mi prima Marialejandra por esta disfunción
de la cual no me quiero curar. Sí, es culpa de ella.
Ella, quien es la mejor prima de mundo, nunca comprendió –hasta
bien tarde- las profundas implicaciones psicopatológicas que aquel
regalo tendría en mí. Fue como por arte de magia que yo
abriera esa caja y me encontrara frente a frente con un modelo Tango de
Telcel: un “Bloquerola” pues, bien bonito, con saldo y todo.
En sus palabras: “para que siempre estemos en contacto primo querido”
(palabras nada proféticas puesto que cuando la llamo a su celular
siempre me cae la contestadora).
Mi ¿enfermedad? se desarrolló tan rápido que no había
pasado mes y medio, cuando salté a otro Bloquerola, un “Mercury”
el cual no tardaría más de otro mes y medio en desaparecer
sin pena, ni gloria. La verdad sea dicha: con más gloria que pena,
puesto que todavía mi mamá lo conserva para recibir únicamente
llamadas familiares. Por cierto querida madre, para lograr que de una
vez por todas te deshagas de ese mini-bloque voy a publicar tu número,
desplegado, dentro de poco, en la prensa nacional.
Una desilusión amorosa me hizo ver en un Samsung 620 el fin a todos
mis males. Debo decir que es el celular más clásico, sobrio
y plateado que existirá jamás, no solo fue un artículo
de lujo comprado con una quincena de recién contratado, sino que
resultó quizá el teléfono que más ha pagado
con creces su valor: primero pasó a ser un excelente regalo para
el cumpleaños de mi hermana y –con más de año
y medio de constante uso- pasó a ser el teléfono del novio
de mi hermana, es decir, que sigue en la familia y que todavía
funciona.
Y luego del despecho me enamoré… de los Nokia, un popular
“Baby Nokia” comenzó a rondar mi entorno gracias a
una amiga que se compró uno. Me di cuenta en ese momento que la
gente de Nokia logra meter en un telefonito un montón de vainas
súper útiles: agenda, juegos, calendario, recordatorio,
tonos, reloj, calculadora, etc, etc, etc… ¿Cómo lo
hacen? Todavía no lo sé. Así un flamante “Baby
Nokia” de Telcel fue a parar a mis manos… Lástima que
este sí tuvo un final trágico: después de pasar por
mi hermano, terminó naufragando en posesión de mi primo
Guthbert. Una palabra para ti primo: ¡Sacrílego!
Mi romance con Telcel terminaría, pero no así con los Nokia.
Me pasé –ya hace como dos años- a una compañía
Gsm y adquiriría el celular más bello del mundo: un 8810
(más conocido como el “zippo”). En aquel tiempo la
fiebre por los mensajitos no existía, pero esta compañía
los ofrecía gratis a todos sus afiliados (ahora te clavan Bs. 60
el mensaje). Así fue como convencí a mi inseparable amiga
Niurka de que se cambiara y ¡cómo le dimos rosca al asunto
de los mensajes! También convencí a mi novia y allí
el asunto de los mensajes pasó a ser algo exageradamente habitual
en mi vida (es decir de 20 a 30 mensajes diarios... les invito a sacar
cuentas).
Qué gran dolor sentí cuando tuve que separarme de mi “zippo”,
fue el celular que más ha durado conmigo (alrededor de unos 8 meses).
Aún cuando ya estaba retirado, aún cuando ya otro ocupaba
su lugar, me sentí medio desolado cuando tuve que venderlo como
repuesto porque repararlo salía más caro que comprarme uno
nuevo.
Su sucesor fue un Nokia 6210, el cual compré por Internet y que
muy poca gente tenía en Venezuela (nadie que yo conozca), era igualito
al “Baby Nokia” solo que más delgado, más elegante
y con una capacidad de memoria de la cual no llegué ni a ocupar
el 10%. Ahorita está con mi hermano menor, vuelve a mí de
vez en cuando en mis viajes a Margarita. Duró conmigo mucho, casi
tanto como el anterior y hasta llegué a prometer (en un instante
de locura por supuesto) que subsistiría cerca de dos años…
con el pasar del tiempo me di cuenta de que siete meses era una cifra
más que acertada.
¿Qué pasó? Lógico mi querido Watson: me encontré
uno más pequeño y con las misma funciones, pero… ese
Nokia modelo 5210 fue una adquisición sin sentido, de esas que
se hacen porque tienes demasiado tiempo libre para navegar en la red y
consultar cuánta página de celulares hay. Afortunadamente
para él no terminó en deremate.com (como su sucesor) sino
en poder de mi hermana, quien está más que contenta con
un celular que parece una morrocoya recién nacida (es feo, aunque
pequeño no lo puedo negar) pero que nadie en el país parece
tenerlo.
En un viajecito que hice al otro lado del Atlántico, me encontré
determinado a comprarme otro aparato para olvidarme de la decepción
que me produjo el 5210. Entonces, “turisteando” con mi prima
Marialejandra (¿ven cómo todo siempre vuelve al inicio?)
tuve la osadía de comprarme un Nokia 8310, y digo la osadía
porque un celular más snob que ese, es difícil de encontrar
(a excepción del que está hecho de titanio). No lo soporté:
era bello, pequeño, con todas las funciones que yo quería,
incluso con radio, pero era una vaina para gente que solo quiere lucirse,
bueno, seguía siendo para mí, pero me tuve que deshacer
de él… nunca logré que me gustara. Este fue el que
terminó sus días de gloria en deremate.com.
Y llegamos a la actualidad, mi romance con Nokia terminó, no así
con Digitel. Me terminé comprando un V60 (el que tiene todo el
mundo) y que me costó bastante conseguirlo, porque parece que la
versión Gsm de este modelo, la fabrican solo en Luxemburgo o en
otro país europeo difícil de ubicar en el mapa. Este sí
me agrada: es snob, pero no taaaaaaaaaaaaaaaaaaaaan snob como el anterior,
y es más o menos práctico (aunque la gente de Motorola hace
hasta lo imposible por ponerle a sus teléfonos el menú más
complicado que puedan crear). Luego de la latonería y pintura correspondiente,
lleva conmigo cuatro meses, una buena cifra dada la tasa promedio anual
de cambio de celular que me tengo calculada.
Ahora ya estoy curado… creo. No, sí en realidad estoy curado,
me hice la promesa firme de no cambiar de celular por lo menos hasta el
año que viene y voy bien, voy a cumplir… creo. Claro porque
a nadie le hace falta el celular de última generación que
acabo de ver en Internet. Sí, ese que tiene agenda, radio, mp3,
pantalla a color, que toma fotos, con email, que navega por la red, melodías
polifónicas, grabadora, que envía mensajitos con imágenes
y demás nimiedades. ¿A usted le interesa? Porque a mí
NO… creo.
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