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Qué cosas

 
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Ocarina Espinoza
oespinoza@la-cadena.com
 

 

Cae el agua sobre la cara, luego toca los hombros y resbala, se va por el desagüe. Qué cosas, ya tienes más de una semana sin llamar y yo espera que espera sin querer; quien espera posterga y eso es precisamente lo que me ha ocurrido: he postergado mi vida en función de la tuya.

Si tan sólo aquella tarde no hubiera ido a ese ensayo, si tan sólo una semana después no hubiese aceptado tu ofrecimiento para ir a ese sitio juntos, si no te hubiese agarrado la mano para entrar a aquella sala repleta de conocidos nuestros, ahora todo sería distinto, ahora quizás disfrutaría las otras llamadas sin esperar la tuya.

Cuatro años parecen suficientes para que la distancia ayude al olvido y agote las esperanzas, pero es como si la piel estuviese curtida y que ni el agua de estos cientos de baños sirviera para el cambio.

Siempre me he dicho que la única forma de no pensarte debe ser nacer de nuevo, pero qué cosas, hasta la idea me parece un lugar común y lo peor, me recuerda a ti, porque creo que una vez dijiste: “quisiera ser otro para empezar nuevamente”.

Sin volver a nacer tú sí has comenzado de nuevo. Ya eres otro me han dicho, y siento lo de tu padre. Ya eres otro pero no sé que tanto vaya esa religión contigo. Sí, ya eres otro.

¿Y yo? ¿Quién quiero ser yo? Otra. Pero quién y para qué: otra para de nuevo estar junto a ti u otra para otra vez ser yo antes de ti.

La segunda idea me agrada más y entonces pienso -y eso que ya el agua ha dejado de caer y tengo la toalla en mis manos- que de verdad aquella tarde no fui al ensayo, que sólo fue un día más de clases y de amigos, otro día como los que habían transcurrido desde que comencé la adolescencia, pienso que como no fui esa tarde, ni siquiera te conocí. Y me reconforto de nuevo, ese pensamiento me refresca más que el baño que he terminado. Ojalá no llames hoy... qué cosas, la ducha al fin parece estar funcionando.


 

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