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La Súper chica

 
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Mairena Romero Sánchez
mairenacaramelo@hotmail.com
 

 

James y Sandra se encontraban en el bar La Estancia. Son esposos desde hace más de dos años. Siempre iban allí los viernes, una vieja costumbre que tenían de jóvenes cuando estudiaban en la universidad.

James no era el típico hombre y Sandra lo sabía. Se había acostumbrado a ese ser a tal punto que no le importaban sus desplantes ni los maltratos que le daba. “Es amor” siempre decía ella. Pero esa noche fue diferente, James ocasionalmente la agredía, pero nunca en un lugar público, ni menos en el bar que frecuentaban cada semana.

Él comenzó a gritarle, le dijo que era una cualquiera, que no cocinaba bien, que lo había hecho infeliz. Todos los veían, todos estaban a su alrededor, todos. James tiró la silla y levantó la mano para darle el golpe que Sandra ya se había acostumbrado a recibir. Pero algo pasó. Algo lo detuvo.

Sandra abrió los ojos y se dio cuenta de que James estaba siendo sujetado por una mujer que vestía de manera extraña: llevaba un traje plateado muy ceñido y una máscara que no permitía verle el rostro. También le había llamado la atención lo cuidado que tenía el cabello, el cual era largo y negro. Parecía un superhéroe de las comiquitas -como Batman o Superman- pero era una mujer y era real.

Vio como esta chica zarandeaba a James de un lado al otro, lo golpeaba y lo tiraba en el suelo como un muñeco de trapo. Lo más curioso de todo era que Sandra era la única sorprendida en el bar, todos los demás parecían acostumbrados a esa mujer. ¿Qué pasaba allí?

“Cuidate de tipos como estos, que son lo peores”. Le dijo a Sandra la misteriosa mujer que había evitado que James la golpeara. Al salir del bar, el cantinero le dijo: “adiós Súper chica, te espero pronto para que te tomes un trago”.

¿Súper chica? Eso no lo había escuchado nunca. ¿Estaría soñando? -se preguntaba- no entendía lo que había sucedido con... ¡James! Se había olvidado por completo de él. Cuando miró a su alrededor, James ya no estaba, había salido corriendo antes de que la mujer súper héroe se fuera.

Sandra se acerco al cantinero y le preguntó:

- ¿Quién es esa mujer que se viste tan raro?

- ¿Ella? Es la Súper chica, siempre viene por aquí.

- ¿Súper chica?

- Sí, ¿No has oído hablar de Superman? Ella es igual, pero no vuela y es mujer. Lo que quiero decir es que es una súper héroe.

- ¿En serio? ¿Eso realmente existe?

- La diferencia con otros “Superhéroes” es que ella sí es real y que tiene un buen cuerpo, mucho mejor que el del chico que le teme a la kriptonita.

- Pero… ¿Por qué me salvó?

- Ella no salva al mundo, nada de eso. Siempre dice que es una vengadora de las mujeres sufridas y maltratadas por los hombres.

- ¿A las mujeres nada más?

- Sí, es una feminista empedernida. Odia el machismo. Así que no te preocupes más, ella no va a dejar que te falten el respeto nuevamente.

- ¿Pero cómo supo que yo estaba en peligro?

- Es un secreto que tiene bien guardado, pero creo que tiene algún radar especial para saberlo. Tampoco nadie conoce quién es. Pero como te dije antes, estás bajo su protección.

Sandra oyó esas palabras y salió del bar a buscar un taxi que la llevara a su casa. Encontró uno y se fue.

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- Mairena, ¿dónde estabas?

- En el cine, vi una película en donde una mujer era una superhéroe y golpeaba a los hombres machistas.

- Eso nada más se ve en el cine ¿Qué traes en esa bolsa?

- Unas cosas que compré. Después te las muestro.

Me dirigí a mi cuarto y tiré la bolsa en el piso, mientras me sentaba en la computadora a navegar en Internet. “Sería bueno que de verdad se hiciera una película sobre la Súper chica, así al menos sería famosa”, pensé. “Aunque… el mundo todavía es demasiado machista como para darle un lugar en el Salón de la Justicia a otra mujer”.

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Eran más de las 10 de la noche, Mairena seguía en Internet y en la bolsa en el piso se salía por un lado un conocido traje plateado. Traje con el cual salvaría a las mujeres noche tras noche, hasta que el machismo se desarraigue del mundo. ¡Otra misión bien cumplida!


 

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